Este memorial es célebre.
Debido a su especialidad en artillería naval, sus extraordinarias dotes, entrega profesional y celo en el deber, con más de 26 años de brillante hoja de servicios, es nombrado en 1939 comandante del acorazado Bismarck y se le encomienda el llevar a su navío y tripulación a la puesta a punto de operatividad.
Sentiría gran orgullo por ser comandante de uno de los acorazados más modernos y potentes de Alemania; de hecho, no permitía que se le llamase "la nave" si no ante él se debía emplear la forma masculina al referirse al Bismarck como "el buque".
Hombre de rasgos muy agudos, relativa baja estatura, incansable trabajador y riguroso de la disciplina, era sin embargo muy apreciado por su tripulación dada su condición de líder nato.
El Bismark fue el más famoso buque de guerra alemán de la Segunda Guerra Mundial, y libró con los buques británicos un combate naval en donde éstos finalmente terminaron hundiéndolo durante la batalla del Atlántico en el curso de la Segunda Guerra Mundial.
Pero Lindemann no pereció a consecuencia del combate mismo del 27 de mayo, probablemente por no hallarse en el puente blindado en ese instante, sino que, según la versión del sobreviviente, el barón Burkard von Müllenheim-Rechberg, cuando el Bismarck se recostó para hundirse, aún indemne ascendió a la punta de la proa y en posición de saludo militar se hundió con su navío.