Este memorial es célebre.
Benito López Franco tenía 20 años al llegar a Melilla, era de muy buena planta, cantante de jotas y siempre dispuesto a ayudar en lo que hiciera falta, sus dotes excepcionales para el canto y su don de gentes le llevaron a convertirse en ayudante de un comandante médico, a dar recitales de jotas en El Casino Militar, cuna del Alzamiento franquista de 1936 y vedado al pueblo de Melilla hasta bien entrados los años 80.
Su proyección pública le hace ser objeto del amor de la hija de un alto jefe militar según dice la familia, que ya estaba comprometida con el hijo de otro alto oficial, lo que desafiaba todas las reglas establecidas de la época.
Fuese quien fuese la chica el caso es que se obsesionó con él y le persiguió durante más de tres meses. El comandante médico del que era ayudante percibió lo peligrosísimo de la situación y recomendó un traslado a Madrid para el 20 de enero que nunca llegó a producirse, pues Benito apareció muerto en el Botiquín del Hospital Militar el 17 de enero de 1950.
" Benito no se suicidó, lo asesinaron a golpes y le rompieron la cabeza y un brazo ". La estremecedora frase está contenida en la carta de Gregorio Gil, amigo de Benito y dictada antes de su muerte en 1975. El testimonio procede de Alfredo Marruelo, amigo y compañero de quinta de Benito en Melilla, quien junto con otros cuatro mozos cetineros fueron rápidamente licenciados tras su muerte.
Lo sorprendente es que la carta se redacta en 1975 y sólo cuando los familiares vienen a Melilla y abren la tumba para colocar bien el cadáver, los suicidas se entierran al revés, comprueban el dato de que Benito tenía hundido el cráneo y un brazo roto.
No hay huellas de bala, ni nada por el estilo. Benito fue enterrado en calzoncillos y " con la cadena del aseo por toda pertenencia póstuma ". Supuestamente se había suicidado con ella.
El entonces Vicario Arciprestal J. Antonio Segovia le negó la sepultura en sagrado “por no constar nada en contrario a esta Vicaría sobre el suicidio intencionado de la víctima”. El documento eclesiástico es toda la certificación oficial de su fallecimiento que posee la familia, ni certificado médico, ni recibo de pertenencias personales.
No se sabe a ciencia cierta cuando comenzó el culto de los melillenses alrededor de la tumba del "SOLDADO DE LOS MILAGROS", pero lo real es que hoy en día su sepultura es la más visitada del cementerio local y hasta le han dedicado una calle.
Biografia de A.N. Other.