Este memorial es célebre.
De padre gallego y madre cubana, ella, virtuosa pianista llamada Zenaida Manfugás, lo dejó criarse con Lore, un ama de cría, mientras ella recorría el mundo de recital en recital. Cuando su madre biológica volvió a buscarlo, ya adolescente, Montes la rechazó. Lore era su madre. "Cuando ella viene a España, la Reina va a los recitales", contaba Montes a sus más íntimos sobre la mujer a la que no llamaba madre.
En su casa de la calle Hortaleza de Madrid creció un niño de color en el Madrid de los años 60. "Él siempre contaba que iba en el autobús y, aunque había gente de pie, nadie se sentaba a su lado". Así, desarrolló un orgullo de raza importante, en Atlanta y Memphis, se emocionó en la casa donde nació Martin Luther King y en el Motel Lorraine, donde fue asesinado.
Su genio, esa capacidad de vender espectáculo desde la improvisación, es absolutamente inimitable porque no parte de nada más que de su personalidad. Uno de sus recursos para ello fue un argot específico a base de muletillas. Sus frases celebres: «¡Porque la vida puede ser maravillosa!» "¿Dónde están las llaves Salinas?", "¡Fútbol, pasión de multitudes!", "¡Fútbol con fatatas fritas!", "¡Tiki-taka!".
Según sus amigos se hubiera llevado un alegrón al ver cómo sus seguidores han ganado por goleada a sus detractores. Él creía que había tantos de unos como de los otros, pero se ha demostrado que eran muchos más los que lo admiraban que los demás.
"Un genio inconsciente de su genialidad" según su amigo y compañero Antoni Daimiel.