Somos polvo de estrellas decía Carl Sagan
Y es que parte los elementos que nos rodean (los que están en tu piel, tus huesos, las prendas que vistes, el suelo que pisas, el aire que respiras, el oro de tus anillos… todo) se formaron dentro de las estrellas.
La gravedad en las estrellas es tan grande que en su núcleo se van apretando los átomos para formar elementos más pesados que el Hidrógeno o el Helio. Poco a poco, los elementos más pesados caen hacia el centro, apretándose más entre ellos. Así, el Helio se combina para generar Carbono (el mismo que compone tu cuerpo y el elemento básico para la vida en la Tierra). Esta secuencia se repite una y otra vez, según envejece la estrella y se convierte en una gigante roja, y va generando elementos como el Neón, Oxígeno, Silíceo y Hierro.
Y hay estrellas que explotan. Cuando lo hacen, la explosión es tan violenta, que todo lo que hay en su núcleo sale despedido a una velocidad y a una temperatura brutal. Es tan violenta, que lanza unos elementos contra otros con tal dureza, que los vuelve a combinar, generando elementos nuevos, como el Oro.
Esa mega explosión lanza todos estos elementos al espacio en una gran nube de partículas. Con el paso del tiempo (mucho, mucho tiempo), la fuerza de la gravedad empieza a hacer de las suyas, y consigue que las partículas se atraigan entre sí. Las partículas se van juntando formando una especie de conglomerado. Cuando más grande sea ese mogollón de partículas que se van juntando, mayor será su fuerza gravitacional, y más partículas atraerá de nuevo. Esta especie de bola de nieve crece y crece con el tiempo. Cuanto más grande es, más materia recolecta. Y un buen día te das cuenta de que ese conjunto de residuos estelares se ha convertido en un planeta. Un planeta como la Tierra, donde aparecemos nosotros y empezamos a disfrutar de todos los elementos que tenemos a nuestra disposición, sin darnos cuenta de que proceden de las estrellas. De hecho, nuestro Sol es una estrella de segunda o tercera generación, que se ha formado acaparando más materia que los planetas que había a su alrededor.
Nosotros estamos compuestos de moléculas. Y éstas de átomos. Cuando morimos nos descomponemos. Todas las religiones se han fijado en el concepto del alma, porque no pueden aceptar que la esencia de la inteligencia desaparezca sin más. Pero lo que sí está demostrado es que el cuerpo se descompone. Es decir, los átomos se desunen y se largan con la música a otra parte, a formar otras cosas, otras partículas. Y éstas se unirán para formar otras diferentes. Al final, se pueden convertir en sales minerales, que comen las plantas. Y los elementos pasan a formar parte de las plantas. Y luego las vacas se comen estas plantas, y los elementos pasan a formar parte de su cuerpo. Y luego nosotros nos comemos a las vacas, y nos quedamos con sus elementos químicos.
Es decir, posiblemente parte de los átomos que conforman tu cuerpo procedan de alguna de las personas que tanto admiras y que llevan tiempo enterradas. Átomos que a su vez procedían de las estrellas.
Y al final nos damos cuenta de que somos un compendio de polvos estelares
Carlos Anaya Fundador de AstroFácil
Publicado el Viernes 10 de Febrero de 2012
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